DESHUMANIZACIÓN Y ESPERANZA EN EL SEXTO DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS


·         Escrito por: Castro, Lizeth - Suma, Brenda - Zurita, Priscila

   ¿Puede un hombre conservar su humanidad cuando el mundo que lo rodea se desmorona entre rejas, violencia e injusticia? Esta pregunta atraviesa toda la novela El Sexto (1961), una de las obras más impactantes y profundamente humanas de José María Arguedas. Inspirada en su vivencia dentro de prisión durante la dictadura de Óscar R. Benavides, la novela expone la realidad del sistema carcelario peruano, donde el encierro no solo castiga el cuerpo, sino también la identidad, la dignidad y el alma. Sin embargo, entre la brutalidad, la humillación y el abandono, Arguedas revela que la solidaridad y hermandad pueden sobrevivir, incluso en los lugares más oscuros. Desde esta perspectiva, El Sexto no es solo un testimonio de la crueldad vivida, sino un recordatorio de la resistencia moral del ser humano frente a la deshumanización y el abuso de poder.

En la novela, Arguedas relata la historia de Gabriel, quien es encarcelado tras ser parte de protestas políticas, en la prisión descubrirá la crueldad humana y cuestionará sus valores y creencias. La novela está narrada en primera persona, lo que permite un tono más íntimo y crudo. Su estilo combina un lirismo poético con un registro coloquial, logrando que dolor, empatía y violencia respiren dentro de la misma atmósfera. Entre sus recursos destaca el simbolismo del encierro como representación del Perú fracturado, y el contraste entre lo brutal y lo humano. Desde esta mirada, emergen tres temas fundamentales: la deshumanización, el abuso de poder y la resistencia solidaria entre los presos.

En la novela, Arguedas describe el destino de los presos más vulnerables, como Clavel, un joven explotado sexualmente por los reclusos. Un episodio que evidencia cómo el encierro destruye cuerpos, voluntades e identidades se observa en la siguiente escena “¿Tú irías? -preguntó uno. -Ahora pronto, sí. Mañana o pasado tendrá la sífilis o, por lo menos, purgación. Y estará cansado. Esto no dura una semana. - ¡Qué bestia el Maravi!” (Arguedas, 2024, p. 55).  Este fragmento se ve como los presos se refieren a Clavel, un joven explotado sexualmente por otro interno llamado Maraví, quien actúa como su proxeneta, lo que evidencia la crudeza y deshumanización del ambiente carcelario. Desde una perspectiva social, muestra la ausencia de empatía y la normalización de la violencia sexual; psicológicamente, refleja la pérdida de humanidad en personajes que terminan aceptando y reproduciendo estos actos. El crítico Salazar Paiva (2024) señala que El Sexto funciona como un “infierno heterogéneo”, donde los cuerpos marginados son sometidos a un régimen de humillación sistemática. Su lectura confirma que Arguedas no muestra este horror como espectáculo, sino como denuncia ética. Esta escena refleja el nivel de degradación moral y deshumanización dentro de la prisión. Impacta la frialdad con la que se habla de la explotación sexual, tratándola como algo cotidiano o esperado. Expresiones como “tendrá la sífilis” o “no dura una semana” muestran una total pérdida de empatía. Arguedas no solo describe una escena carcelaria: denuncia un sistema que permite y normaliza estos abusos.


 

Otro tema que desarrolla Arguedas es el abuso de poder institucional, este se manifiesta cuando los presos denuncian el caso del joven prostituido y el coronel los manda a golpear, justificando la explotación y recordándoles que “ahí no son reyes”, legitimando la violencia como forma de orden. Esta lógica de poder se evidencia por este fragmento:

¡Se ve que están atendidos como Reyes! ¿Qué creen ustedes que es la prisión? ¿Un lugar de recreo? Aquí han venido ustedes a padecer, a estar jodidos, no a engordar y gozar. ¿Qué Puñalada hace esto y el otro, que Maraví se emborrachaba; que los dos abusan de los vagos,  qué les hacen esto y lo otro? A ustedes, ¿qué les importa? A ustedes no los joden directamente. Los vagos también han sido cerrados aquí para sufrir; son gente sin ley y sin padre ni madre, ladrones, ociosos de porquería, come piojos. ¡Que los jodan! Y si lo que hacen con ellos les duele a ustedes, mejor que mejor. Yo les doy mi aprobación. (Arguedas,2024, p. 67)

             Esta escena revela cómo la figura del mayor policial es capaz de autorizar los abusos y ejercer jerarquías sin piedad, sin importar cómo estas acciones afecten al resto, sino que avala el sufrimiento. Ríos Miranda (2022) interpreta este tipo de episodios como parte de una “antropología del encierro”, donde las instituciones moldean a los sujetos a través del miedo y la brutalidad. Este comentario refuerza cómo Arguedas construye una crítica directa a un sistema que normaliza el abuso y se sostiene en la impunidad, mostrando que el poder en prisión no corrige: aplasta. En este fragmento, Arguedas no suaviza la realidad, sino que la muestra tal como es: violenta, injusta y deshumanizadora. Estas situaciones  sigue siendo vigentes, porque aún hoy existen instituciones y autoridades que normalizan el maltrato, especialmente hacia los más pobres o aquellos que no tienen cómo defenderse. Por lo tanto, la novela no solo denuncia el pasado, sino que también nos obliga a mirar críticamente nuestra propia sociedad

 

De igual manera otro tema impactante que resalta es la resistencia frente al abuso, Arguedas presenta otro rostro de la prisión: la solidaridad entre los presos políticos, quienes, a pesar del encierro, comparten comida, palabras de aliento y una convicción común de un Perú más justo. Este espíritu de solidaridad se evidencia de manera clara en el siguiente fragmento “Aquí en este antro de criminales, ladrones, de la gente más corrompida, nos han arrojado a apristas y comunistas, porque luchamos por un Perú sin criminales, sin explotadores, sin caciques, sin soplones, sin privilegiados….” (Arguedas, 2024, p.80) Este pasaje muestra la unión y la humanidad que aún persisten entre los presos, conservan respeto, solidaridad y la esperanza de un Perú mejor, no por partido, sino por amor al país. En este sentido Barrós Alcántara (2017) afirma que El Sexto es también un espacio donde la dignidad destaca, Arguedas construye esperanza sin idealizarla. Así, la resistencia surge no como heroísmo grandilocuente, sino como humanidad que se niega a desaparecer, incluso cuando todo parece perdido. impactante la manera en que Arguedas revela la contradicción del sistema carcelario en El Sexto. Esta contradicción nos da a conocer entre la brutalidad del sistema y la dignidad de los prisioneros es uno de los elementos más impactantes de la novela. Aunque fue escrita hace décadas, la obra retrata situaciones que aún persisten: personas perseguidas o silenciadas por pensar diferente o por aspirar a un país más justo. Arguedas transforma su dolor en una denuncia poderosa que nos interpela y nos lleva a cuestionarnos si, como sociedad, seguimos permitiendo que la injusticia se disfrace de orden.

 

 

En definitiva, El Sexto es una obra que revela sin filtros la brutalidad del encierro, pero también la capacidad humana de resistir. Esta novela nos invita a reflexionar sobre un sistema carcelario marcado por la injusticia, donde incluso quienes no han cometido delito alguno, se convierten en víctimas de un entorno brutal, tanto por el abuso institucional como por la hostilidad que reina entre los propios presos. Así, la pregunta inicial ¿puede un hombre conservar su humanidad en un espacio diseñado para destruirla? encuentra su respuesta en la resistencia silenciosa, solidaria y digna que Arguedas retrata. Por ello, recomendamos leer El Sexto no solo por su valor literario, sino por su profunda vigencia ética y social. Es una obra imprescindible para comprender la violencia institucional del pasado, cuestionar la del presente y evitar que se repita en el futuro.

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